5 de febrero de 2019

EL MURO

Dicen los que entienden que el Muro aparece allá por el kilómetro 31 o 32. Que llega sin avisar y que te mina la moral. Que lo puedes superar si aprietas los dientes, bajas la vista, te concentras tan solo en la zancada siguiente y no piensas en ello, simplemente corres un paso más cada vez.
Te explican, cuando vas a correr tu primera maratón, que te tienes que hidratar bien, forzarte a beber al menos un sorbo cada vez y tomar algún gel para recuperar parte de lo que has ido consumiendo durante la carrera. Parece que tiene que ver con el hecho de que el cuerpo humano no está preparado para correr esa distancia y que la maratón te lleva más allá de las reservas de tu organismo, a terreno inexplorado, donde no se sabe cómo va a reaccionar, ni tú, ni tu cuerpo, ni tu mente.
El Muro es un sitio donde chocas con tu agotamiento, con los calambres, con el cansancio. Es un sitio donde tu mente te dice ¡basta!, donde tu cuerpo parece no poder dar más de sí. Es un sitio duro, donde se pone a prueba tu fe en ti mismo y tu capacidad de superación. Es un sitio donde no te puedes esconder.


Haciendo cálculos por encima, yo he completado en torno a 30 maratones (de esos en los que uno toma la salida con un dorsal colocado en el pecho para correr hasta cruzar la meta de los míticos 42,195 km y, tras respetar todos los controles de paso de los que dispone la organización, su tiempo aparece reflejado en una clasificación oficial) y he visitado el Muro al menos en tres ocasiones.
Es verdad que llega sin avisar, que cada vez llega de forma distinta, en un kilómetro distinto y que te mina la moral. Pero no hay una única forma de sobrepasarlo. No hay una única técnica de carrera que te permita superarlo. Yo he tenido que escalarlo de formas distintas. A veces, bajando la vista; a veces, escuchando los ánimos de un compañero o la conversación que me daba. Pensando en la gente por la que corro, en mi familia, en mi padre... Recordando algo agradable.
Pero en varias ocasiones esperé llegar al Muro y no lo encontré. Y, a medida que me acercaba a la meta y el Muro no aparecía, corría más rápido y me invadía una euforia extraña, la sensación de que nada me podía parar.
Por eso me gusta correr, y me gusta correr maratones. Porque el Muro puede aparecer o no, lo puedes encontrar entrenando cuestas o haciendo series. No está en un sitio fijo y no lo puedes buscar, él viene a por ti. No está en la maratón, puede estar en una tirada larga o en un entreno normal subiendo una cuesta. Puede estar al final de un 10.000.
Porque descubres que el Muro lo creas tú. Que va contigo. Que lo genera tu cuerpo y solo lo puedes superar tú. Que solo conociéndote a ti mismo puedes saber cuándo va a llegar y cómo lo vas a pasar. Que correr es como vivir. Cómo afrontar los momentos duros no te lo puede enseñar nadie, lo tienes que aprender solo.
Correr nos curte, nos hace más fuertes. Cuando chocas contra el Muro, pero consigues reponerte y cruzar la meta, aprendes a vivir siempre exigiéndote lo máximo a ti mismo. Es saber que siempre puedes dar algo más, es no conformarte nunca. Saber levantarte de una derrota habíendolo dado todo. Saber sonreír en la victoria y seguir siendo humilde.
Correr (correr maratones) nos enseña a ser mejores. Nos enseña a no tener miedo a nuestro Muro porque podemos pasarlo. Nos enseña a que cuando nuestra mente dice basta, nuestro cuerpo está al setenta por ciento.
Por eso me gusta correr (correr maratones). Porque me hace ser mejor.
Me enseña a conocer mis límites y a llevarlos un poco más allá. A llevar mi muro un poco más lejos.

(Texto adaptado del Epílogo del libro No Pienses, Corre)


Y el Muro puede aparecerte incluso antes de tomar la salida... Cuando preparas una iniciativa tan exigente como la que tengo en mente, tu salud camina en ocasiones por la cuerda floja.
Quizás el repentino invierno cogió desprevenido a mi sistema inmunológico y la gripe se acomodó en mi cuerpo ya hace un tiempo. Parece que poco a poco -después de haber ingerido una tonelada de paracetamol y litros de jarabe para la tos- voy consiguiendo ahuyentarla, no sin antes sufrir una gastrointeritis que me dejó bastante debilitado. El resultado, tener que renunciar a tomar la salida en la Maratón de Tarragona, como estaba previsto.
Cruzo los dedos para que no haya novedad y el próximo día 17 de febrero podamos "ponernos al día" completando los 42,195 km de la Maratón de Sevilla...


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