11 de febrero de 2019

CAMINOS

Tener caracter, determinación, agarrarse a la posibilidad de seguir tu camino, aunque sea poco transitado, es una forma sutil de libertad, aquella en la que no necesitamos seguir la corriente general al tener un criterio propio, una manera de actuar personal y todas esas herramientas que el deporte nos ha dado, todas esas herramientas que hemos trabajado.

Necesitas verte en el espejo y reconocer que tipo de personas eres realmente. ¿Eres un león o serás para toda tu vida una oveja?... ¿Serás una mente pequeña que solo se preocupa por lo que los otros hacen?... ¿O serás una persona capaz de pensar por ti mismo y hacer algo con estas ideas?.
Nunca dejes que la opinión de los demás dicte tu camino o condicione tu forma de ser, de pensar y, sobre todo, de actuar. Sé fiel a tus principios, pelea hasta el final y no te dejes influenciar. Porque un león no se preocupa por la opinión de una oveja.
Vive y ama tu vida.



LO QUE SIENTO CUANDO CORRO
Porque sé que puedo no ganar, porque puedo no saber perder, porque me pueda el afán, porque la vida me dará lo que no quiero o me quitará lo que anhelo, porque pelearé antes de rendirme. Y aunque el asfalto sea mi afición diaria, son más las veces que toco el cielo que las que rozo el infierno. Y aunque mi frente se frunza y mis zancadas se arruguen según las voy gastando sé que, aún quebradas, seguirán sosteniendo mi cuerpo y haciendo mis pasos más grandes y firmes, pues firme es mi perseverancia y firmes los entrenos que llevo sobre mis hombros.
Correr me transforma y me mueve por dentro llevándome a descubrir lo que ya existía en mí y lo que nunca creí poseer. Porque tengo el sano vicio de correr soñando y de soñar corriendo; tengo la ambición y la fortuna de ser feliz con ello, por eso corro tratando de acariciar el asfalto y lucir una técnica y zancada, que aprendida de maestros ilustres, me agota y cansa y aunque me quejo me contengo, pues luego llega el idilio y la gloria.
Correr, correr y seguir corriendo contra la meteorología, contra la apatía y el tormento y llevar el oficio de poner un pie tras otro, esperando que mi pulso no se desboque y recuperar unos latidos familiares y consentidos; porque no es una obsesión sino una ilusión con una vital alegría y pensando que al día siguiente el asfalto y los caminos estarán ahí para examinarme la perseverancia, actitud...
¡Y las rodillas!
Es así.
(Texto de José Antonio Aza)


Yo sigo recorriendo mi camino, convencido de que un sueño no es lo que ves mientras duermes. Un sueño es lo que no te deja dormir. Además, pienso que siempre hay que tener una motivación por la que merezca la pena levantarse todas las mañanas.
Yo canalizo mis emociones a través del deporte y, aunque los años (por suerte) vayan cayendo irremediablemente, me gusta ser competitivo durante todo el año. Con mis limitaciones, pero competitivo. Para ello me machaco a diario en mi particular cueva del dolor, encerrado entre las cuatro paredes de una cochera, o en la dulce monotonía del paseo fluvial. Un trabajo en la sombra que me lleva a un estado de equilibrio y paz interior que necesito para vivir feliz.

Con la Maratón de Sevilla a la vuelta de la esquina, por fin puedo percibir el agradable olor a 42,195 km... Y aunque mi objetivo principal esté señalado a largo plazo, hay ganas de MARATÓN, una disciplina con la que desde hace un tiempo mantengo un intenso romance. La misma que -quizás cuando más lo necesitaba- me hizo creer en mí.
Porque aunque el búfalo se esté haciendo viejo, sigo luchando a diario para hacerlo con los cuernos preparados para embestir cuando llegue el momento.


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