14 de enero de 2019

MI MUNDO

Una de mis aficiones preferidas es leer. Sobre todo lectura deportiva.
No conozco sensación más placentera que llegar de entrenar, ducharse, comer algo, tumbarse un buen rato y perderse entre las líneas de un buen libro.
Tras devorar en un par de días The Runner Man, ahora estoy leyendo Sagan, Mi Mundo, que narra la historia del campeón del mundo de ciclismo eslovaco, que ha conseguido vestir el maillot arcoiris de la UCI tres años seguidos.


(...) "Tal y como yo lo veo, la mejor escuela para ser un deportista profesional, en la mayoría de deportes, es haber pasado un montón de tiempo de tu infancia jugando en la calle. Y cuando era un crío, gozaba de absoluta libertad para explorar y jugar en los campos de Eslovaquia. Seguro que algunas familias pensarían que estaba un poco asilvestrado... escalaba árboles, deambulaba por el bosque, me bañaba en lagos y ríos, y durante los veranos, me construía refugios y fuertes. Cuando llegaba el invierno, íbamos a esquiar, a montar en trineo, y organizábamos las batallas de bolas de nieve más grandes que ha presenciado el mundo.
Lo más seguro es que, mientras te dedicas a hacer estas cosas, no pienses en mucho más que en pasarlo bien y hacer el cabra; pero lo cierto es que estás adquiriendo una serie de habilidades y destrezas. Es probable que la más obvia sea la coordinación, pero también estás trabajando tu fuerza, averiguando lo que tu cuerpo es capaz de hacer, descubriendo tus límites y, al descubrirlos, tratando de superarte para llegar más alto. Lo que estás haciendo en realidad es entrenar, independientemente de que quieras ser futbolista, jugador de hockey sobre hielo o ciclista.
A menudo, cuando me lanzo a tumba abierta por un descenso, o estoy cruzando sables en un esprint masivo a cara de perro, lo que estoy haciendo es echar mano de las experiencias que viví siendo un crío, junto a mis hermanos mayores, por los campos de Eslovaquia", cuenta Sagan en su libro...Y estoy de acuerdo.
Salvando lógicamente las distancias evidentes que existen entre una estrella como él y un globero como yo, me identifico totalmente con el texto. Mi infancia fue algo así como la de Sagan, cambiando los campos de Eslovaquia por los prados de Los Palomares, una zona muy bonita de Laviana, donde me crié.

Además también coincido con él en que los dos pensamos que la vida puede cambiar en lo que dura un parpadeo. Algunas puertas se cierran, mientras que otras se van abriendo. Puedes ganar, o te puedes ir al suelo. En cuestión de un instante te puedes enamorar; o puedes perder a alguien muy cercano.
Por ello, porque la vida no se puede planear (más bien ella tiene sus planes y nosotr@s nos vamos adaptando a ellos), mientras que la salud y las ganas me acompañen, habrá que seguir acumulando experiencias en forma de kilómetros.


Según la tabla adjunta, 291 atletas cruzaron la meta de la Maratón de Tarragona el año pasado. Maratón en la que (cruzo los dedos) tomaré la salida dentro de trece días (los descuento como el preso que espera ansioso a salir de su celda tras un largo periodo a la sombra).
En la línea de salida supongo que (haciendo una media de los últimos tres años) estaremos en torno a 300/400 participantes. 300/400 atletas que, cuando termine la carrera, podrán contar 300/400 historias diferentes. La vida de cada uno de esos 300/400 atletas podría dar lugar a 300/400 libros, todos únicos. Porque todo el mundo es excepcional, pero nadie es especial.
Me parece muy importante que recordemos que todo el mundo tiene una historia que contar. La mía (ya contada en Corriente Contra) no es más valiosa que la de cualquier otro, pero sí es diferente. De la misma manera que la historia de cualquier otro es diferente a la mía, o la del resto.


Mi historia ha ido cambiando a lo largo de los años. Cambió durante los últimos meses, y lo seguirá haciendo durante los próximos. Incluso habrá ido cambiando según llego al final de esta entrada en el blog, como os ocurrirá a vosotros.
Sin aún haber llegado a las 39 primaveras, no se puede contar la historia de mi vida, porque mi vida es algo que está en proceso y cambia día tras día, igual que sucede con las vuestras y las de todo el mundo. Pero lo que sí puedo contaros es lo que se siente al intentar completar 12 maratones a lo largo del año, con la dificultad añadida de que el tiempo medio empleado para cruzar la meta de estos 12 asaltos a los 42.195 metros no supere las 3 horas, después de llevar más de seis años en la lucha y haber conseguido destinar a través del deporte más de 180.000€ a la INVESTIGACIÓN del cáncer y otras enfermedades.
Y supongo que eso es algo que solo puedo contaros yo (...)


Me espera un año 2019 lleno de retos y batallas que librar. Si eres deportista no pienses en el futuro, solo piensa en el presente. Carpe Diem y... ¡Corre!

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