28 de noviembre de 2018

REFLEXIONES DE UN MIÉRCOLES POR LA TARDE

He vivido, vivo y viviré buscando una manera de vivir. Y pienso que uno no puede dejar de ser sensible al sufrimiento ajeno porque es lo que nos hace buenos y nos hace despertar aquella inquietud por ayudar a los demás. A nuestros semejantes.
Es más. Estoy convencido de que la mayor virtud del ser humano es la bondad. Uno tiene que luchar para ser la mejor persona que pueda llegar a ser y para ser buena persona. Ese es el sentido que tiene la vida.

El mundo cambia con tus actos no con tus opiniones.
Uno no se tiene que preguntar si lo sabe o no lo sabe. Uno se tiene que preguntar si lo hace o no lo hace. Porque al final la diferencia entre el crack y el chusquero no está en saber. Saber sabemos todos. La diferencia está en el que hace y el que no hace. Si no sumas, no restes, no dividas y no jodas.


El resultado no es exigible. Lo que es exigible es el esfuerzo.
Esfuerzo que te lleva a esa extraña sensación de diversión que se encuentra en el noble arte de llevar nuestro cuerpo al límite. A pensar que "esta, seguro, va a ser la última vez" y a los cinco minutos de cruzar la meta, "¿Cuándo es la siguiente?".


"No te preocupes demasiado por la vida, que nadie sale vivo de ella".

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