10 de octubre de 2017

LA DECIMONOVENA DEL AÑO

     (...) Pero Héctor está decidido a afrontar este reto. Lleva unos años sabiendo que tiene cuanto necesita para ser feliz. Una familia que le quiere y le entiende, unos amigos leales, una hija que le da razones para vivir y una mujer que le regala el verano en la piel cada vez que le mira. Y aún así, no es capaz de sacudirse los altibajos que a veces le hunden en una pelea contra sus demonios, que le dejan oscurecido y opaco como una burbuja llena de humo. Pero ha descubierto que cuando emprende una iniciativa, se equilibra. Que seguir adelante es su única certeza, y necesita una meta para no tropezar (...)


Comienzo esta entrada con un párrafo de Corriente Contra en la que Héctor Gómez define a la perfección el porqué de mi forma de vida...
El domingo completaba en Burgos la decimonovena maratón sub3 horas del año.


Amanecía el sábado con la idea de completar 45 minutos en el rodillo para soltar piernas y -con los deberes hechos- emprender el viaje a Burgos.
Ligero de equipaje, como me gusta caminar por la vida, llevaba en la mochila toda la fuerza y energía que el día antes me había transmitido Alejandro, un jabato de nueve años que padece Distrofia Muscular de Duchenne.
Como ya hiciera en Zaragoza, La Coruña, Vitoria y Laredo, el domingo tomaría la salida de estos nuevos 42,195 km en última posición. En esta ocasión, por cada corredor adelantado se donaría un euro a Duchenne Parent Project España.


6:40 horas del domingo y suena el despertador, aunque no me hubiera hecho falta porque no había conseguido pegar ojo en toda la noche. Es el peaje que hay que pagar por "viajar en precario" y dormir en hostales en los que las paredes son de papel y los colchones parecen una compresa ultrafina (y sin alas).
Cafetazo para espabilar, zumo de naranja para refrescar y dos tostadas bien untadas de margarina y mermelada para cargar el depósito, que me meto entre pecho y espalda. Había que amortizar la inversión y el desayuno estaba incluido.
Tras una ducha con agua caliente para templar el cuerpo, un taxi me lleva hasta la salida. Lo hago acompañado de mi cuñado Manuel, que es un apoyo de lujo. Una persona que merece mucho la pena, con la que iría al fin del mundo sin dudarlo.


945 corredores tomaríamos la salida. 703 lo harían para completar los 21,097 km de la media maratón y 242 intentaríamos lo propio con los 42,195 km.
Como ya he comentado, lo haría en última posición, casi un minuto y medio después desde que los primeros atletas comenzaran a correr.
Sabedor de que había que completar dos vueltas a un circuito, la "estrategia" se basaba en hacer la primera con el freno de mano puesto y en la segunda ir quitándolo poco a poco, para ir pisando el acelerador progresivamente.
Con mi "reloj suizo" recién calibrado, hago el paso por la media maratón a una media de 4:12 min/km y -muy relajado- a 141 p.p.m. de media.
Tras un parón obligado para hacer mis necesidades, subo el ritmo y comienza mi remontada. Son ya muchos los kilómetros que llevo en las piernas y tengo que dosificar los esfuerzos sin dormirme en los laureles. Aprendí a correr pensando en lo que me queda para conseguir el objetivo, sin que esto me agobie.
Con la experiencia que voy adquiriendo en este tipo de pruebas, disfruto como nunca de estos nuevos 42,195 km para -2 horas, 53 minutos y 41 segundos después- cruzar la meta de esta decimonovena maratón sub3 horas del año.


Ojeo las clasificaciones en el viaje de vuelta y -orgulloso- contemplo como había conseguido ganar 848 puestos (618 media maratón + 230 maratón). 848 euros que -como había acordado con la Obra Social de La Caixa- irán destinados a Duchenne Parente Project España.
Es muy gratificante poder ser artífice de esto, os lo aseguro.


Consciente de que al lado de la catedral de la ciudad donde he llevado a cabo esta nueva iniciativa somos minúsculos, con los pies en el suelo, seguimos. Porque esa es la única certeza. Próxima parada: Bilbao Night Marathon.


Al igual que la comenzaba, le pongo el punto final a esta entrada con un párrafo de Corriente Contra, un libro (mi libro) cuyos derechos de autor irán destinados al IUOPA (Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias).

     (...) Al recuperar su voluntad también han vuelto a su vida las ganas de competir, el gozo en la lucha. Paso a paso y pedalada a pedalada, Héctor va abandonando los puestos de cola en las carreras en que se inscribe. Y al mismo tiempo ingresa en un terreno que los corredores de fondo y los ciclistas conocen bien: el placer del dolor. No hablo de un dolor masoquista. Hablo, como ya lo he hecho, del dolor físico que cura el dolor mental. Pero también del dolor que no solo purifica sino que también pule.
     Ese dolor que nos hace mejores, más resistentes, más dueños de nosotros mismos. Un dolor que guarda su recompensa en saber resistirlo y superarlo (...)

¡LA DECIMONOVENA... TA FECHA!

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