23 de junio de 2017

LA DECIMOCUARTA DEL AÑO

"El activista no es quien dice que el río está sucio. El activista es quien limpia el río." (Ross Perot)


El domingo me despertaba con ganas de playa, desconectar y no hacer nada.
Para entendernos, lo que casi todo el mundo espera de un domingo veraniego.
Pero no podía permitirme semejante privilegio porque había adquirido un compromiso ante la sociedad (y conmigo mismo) de completar 42,195 kilómetros sobre un tapiz rodante, para intentar recaudar fondos destinados al IUOPA.
La mujer que me acompaña en la foto es muy importante para mí. La quiero con locura... Perdió a sus padres (mis abuelos), a su marido (mi padre), a su hermano (mi tío) y a algún que otro amigo, todos víctimas del cáncer... Motivos más que de peso para correr durante tres horas sin esperar nada a cambio. Fácil de entender.


El ÓCEAN (Gijón) se vestía de gala para albergar este decimocuarto asalto del año a los 42,195 km. En un entorno incomparable, Pedro (responsable del local) lo tenía todo preparado y nos hacía sentir como en casa con su hospitalidad.




Faltaba un minuto para que el reloj marcara las 12:00 horas cuando, acompañado de un grupo de amigos, comenzaba a correr. Foto de FAMILIA para el recuerdo.


Desde el minuto uno las pulsaciones se me disparan. Me conozco muy bien y tengo controlados los ritmos y mi frecuencia cardíaca al detalle... Además tenía la sensación de que la cinta me "escupía" y cada cierto tiempo tenía que acelerar el ritmo. Algo estaba fallando. Mientras descontaba kilómetros, pensaba en cuál podía ser la causa de que mi corazón latiera tan acelerado. Le echaba la culpa al cansancio acumulado... al calor... hasta que -con 33 kilómetros recorridos- Hugo, un buen amigo que desde el comienzo me acompañaba, se dio cuenta de que estaba corriendo con un desnivel bastante prolongado... ¡Pa habese matao!


Mientras tanto, Belo con su buen hacer le ponía banda sonora al evento.


Desde primera hora, María y Viole se encargarían de gestionar los donativos que nos iban haciendo llegar los que -con cara de asombro- miraban como un servidor no paraba de correr sobre un tapiz rodante, bajo un sol abrasador.
El resto de la tropa, "mi banda de Rock&Roll", ese grupete de amigos que nunca falla, volvieron a dejar a un lado su vida para acompañarme, alentarme y compartir conmigo el duro camino que me llevó hasta esta decimocuarta meta.


Los últimos 9 kilómetros, tras quitar el desnivel con el que había completado los primeros 33, se me hicieron muy llevaderos y las pulsaciones volvieron a los cauces por los que discurren cuando someto a mi cuerpo a este tipo de palizas.


Rozando el poste, 2 horas 59 minutos y 19 segundos después completaba la decimocuarta maratón (sub 3 horas) del año, la décima sobre un tapiz rodante.


Sufrí el calor. Mucho calor que intenté refrescar a base de echarle ganas y una buena dosis del ingrediente principal con el que se hacen las tortillas.
Los 452,60 euros reunidos con esta decimocuarta maratón del año, que serán destinados a la lucha contra la enfermedad que tanto le ha hecho sufrir a mi madre, compensan el esfuerzo. Hablando de compensaciones, y como una imagen vale más que mil palabras, ésta de Pedro Pablo Heres lo dice todo...



¡LA DECIMOCUARTA TA FECHA!

Dos días después, el Colegio Virgen Reina (Gijón) organizaba sus Jornadas Deportivas y -un año más- pensaron en mí para formar parte de las mismas.
A las 10:00 horas comenzaba a correr, dando vueltas al velódromo de Las Mestas. Con una perfecta organización por parte de los profesores, cada cierto tiempo se iban sumando alumnos y docentes de todas las edades para -a razón de 1kilómetro = 1Euro- acompañarme y compartir experiencias... ¡Qué grandes!



2 horas y 38 minutos después, 32 kilómetros recorridos por mi parte con un calor sofocante, que se traducen en 530,40€ que serán destinados al IUOPA.


Resumiendo, 74 kilómetros en 48 horas = 1.000€ más para seguir en la lucha.
Estoy muy agradecido a Jaime Llavona por pensar en mí para tal iniciativa. Como él mismo me decía el martes, hay cosas que no son opinables...

Noticia de El Comercio (21 de junio 2017)

No hay cerveza que mejor sepa que la que uno se toma después de haber "hecho los deberes"... Algun@ debería de probar este sabor tan especial más a menudo.



Energía:
capacidad que tiene la materia de producir trabajo en forma de movimiento.


Suele existir una relación directa entre deportistas y solidaridad.
Una relación mágica, especial. Me atrevo a afirmar que el deportista popular sufre el doble, incluso el triple que un "pro", porque ni su cuerpo, ni su ritmo de vida, ni su alimentación, ni su nómina acompañan y facilitan sus metas.
Logros que enorgullecen el doble, o el triple, porque solo un deportista popular sabe lo que ha sufrido y lo que le ha costado subir esos peldaños: SUS peldaños.
Mueven el cuerpo para luchar contra el cáncer que padecen nuestros amigos. Mueven el cuerpo para apoyar a niños que padecen enfermedades. Mueven, movemos, el cuerpo contra todo aquello que nos hace hervir la sangre.
No tenemos la cura, no contamos con la solución para estas situaciones complejas, pero ofrecemos, de forma desinteresada, lo más valioso que poseemos: nuestro esfuerzo, y es valioso porque solo nosotros sabemos lo que nos han costado nuestros logros, y lo queremos compartir, y lo queremos regalar.
Todo el mundo que participa en iniciativas solidarias ofrece lo más valioso que una persona puede regalar: su energía, porque la energía, al final, es lo que mueve el mundo.


"El más débil de nosotros tiene un don, por trivial que pueda parecer, que le es propio y que bien utilizado será también un don para su raza."

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