10 de marzo de 2017

UN LIBRO... MI LIBRO

Tener la oportunidad de poder ver plasmado en un libro (cuyos derechos de autor irán destinados íntegramente al IUOPA) todo el camino recorrido hasta la fecha, será posible gracias al trabajo de dos grandes profesionales en la materia como son Pascual Ortiz (Editorial Deporte y Vida) y Héctor Gómez Navarro (filólogo y escritor).
La idea ya está en el horno. Toca cocerla a fuego lento para -en un plazo de dos meses aproximadamente- poder empezar a degustarla.


Para ir haciendo boca, a modo de introducción, aquí os dejo estas líneas:

Hay pocas ocasiones en que un pequeño cambio en la Historia hubiera alterado para siempre el camino de la humanidad. Con la perspectiva del tiempo, algunos hechos que parecían importantes son cubiertos por la arena de los días; borrados, olvidados. En el mundo real no suele haber teatrales golpes de efecto: más bien, cuando ocurre algo importante es porque se desborda el vaso de la vida, que se ha ido llenando gota a gota. Un error de hoy se puede compensar mañana, el acierto de ayer hay que repetirlo para que sirva de algo. Las ocasiones que de verdad suponen un giro, un hito en el rodar interminable del mundo, son muy pocas.
Si la Grecia clásica no hubiera existido, el destino de toda Europa y el Mediterráneo hubiera sido muy otro. Hay algo griego en cada cosa amable de nuestra cultura: la precisión y riqueza del lenguaje, la fascinación por la bella máquina que es el cuerpo humano, la íntima alegría que se enciende cuando se disfruta el placer sin culpa. Todo eso que crees parte de ti es una cosecha que mucha gente sembró durante largos siglos, y que ahora tú recoges pensando que es fruta salvaje. Y podría no existir. Nuestra vida podría ser un erial de no ser por miles de hombres y mujeres que en miles de días han cultivado una sabia manera de vivir. Y sin esas pocas ocasiones que dieron un giro a la Historia, todo su trabajo se habría perdido, y nosotros seríamos interiormente más pobres.
Una de esas pocas ocasiones fue la batalla de Maratón. Sucedió cuando el ejército Persa avanzaba arrasando Grecia. Ante la llanura de Maratón, los griegos tomaron una estrategia desesperada: si perdían, los civiles que se habían quedado en Atenas prenderían fuego a la ciudad. Así, el enemigo se quedaría sin suministros, aunque los griegos tendrían que abandonar muchas ciudades y campos, refugiarse en lo más agreste de los montes y esperar que una guerra de guerrillas que tal vez llevase décadas les librara del invasor. El mundo no habría conocido la democracia ateniense, no se habrían escuchado las voces de Platón y Aristóteles, las esculturas de Fidias y Praxíteles, que han modelado nuestra forma de vernos a nosotros mismos, sólo serían pedazos en algún camino.
Los griegos vencieron la batalla, pero fue una lucha demasiado larga. Tan larga, que a punto estaba de cumplirse el plazo acordado para que Atenas fuese incendiada. Había que llevar la noticia cuanto antes, salvar la ciudad. Hubo un voluntario. Un héroe, un loco. Atravesó corriendo más de cuarenta kilómetros desde el campo de batalla hasta Atenas con la noticia de que habían vencido. La suma de esfuerzos de la batalla y la carrera se cobraron su vida poco después.
Unos dicen que se llamaba Eucles, otros escribieron que su nombre fue Filípides. No importa su nombre: importa su gesto, la semilla que ha germinado y florecido después de su muerte. Ese heroísmo. Ese acto de renuncia a sí mismo para servir a sus conciudadanos, para salvar los bienes de un mundo que hoy disfrutas tú.
Desde entonces, la distancia que separa Atenas de Maratón se ha convertido en una prueba atlética en memoria de aquel gesto. Y desde entonces hay algo de abnegación en el hecho de correr esta mítica distancia. Como si el origen heroico de la prueba quisiera encauzar el esfuerzo de la carrera hacia algo más grande. Convertir el simple esfuerzo en algo más: en sacrificio.
Esta es la historia de Héctor Moro, un pequeño héroe civil, un loco maratoniano. Él también corre la distancia que separa Atenas de Maratón. Y como aquel primer loco, corre por sus conciudadanos... Continuará.
-Héctor Gómez Navarro-

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