16 de febrero de 2016

117 DÍAS DESPUÉS...

Terminábamos enero con las pilas cargadas debido a la cantidad de kilómetros recorridos en busca de esa meta que tenemos marcada en los 3.338 previstos.
Pero también es cierto que comenzábamos febrero con un fuerte dolor en la zona costal izquierda -herencia de mi participación en la carrera de obstáculos "Farinato Race" de Gijón- que no hacía presagiar nada bueno.
Uno es consciente de que un año da para mucho y que -tarde o temprano- es lógico que surjan problemas en el camino que nos pongan más difícil la tarea que -consciente del compromiso adquirido- emprendía el pasado día 1 de noviembre.
Pienso que la clave del éxito -como en la vida- reside en saber sortear las adversidades de la mejor manera posible y entender que caer está permitido pero levantarse es obligatorio.
Los primeros días de mes fueron muy difíciles y tuve que superar un pequeño bache anímico de esos que los deportistas sufrimos a lo largo del año. Tras tres noches sin poder pegar ojo en las que los dolores cada vez eran más intensos acudí al médico quien -tras una placa- me diagnosticaba lo que me temía: fisura en una costilla. Calmantes y reposo es el tratamiento para este tipo de lesiones.
Difícil mantenerse parado cuando el objetivo diario consiste en avanzar, ¿no?.
Tenemos derecho a pringarnos hasta las cejas pero no a rebozarnos en nuestra propia desdicha. Como decía arriba, es obligatorio ponerse en pie, sacudirse y seguir avanzando aunque el paso sea más corto y el camino se haga más largo...


Dicen que después de la tormenta siempre llega la calma. Fue al cuarto día de mes cuando me cambió la perspectiva de la situación y decidí enfocar los esfuerzos en buscar una solución en lugar de seguir dándole vueltas al problema.
Martin Luther King Jr. (Premio Nobel de la Paz 1964) nos dejó estas palabras:
"Si no puedes volar, corre. Si no puedes correr, camina. Si no puedes caminar, gatea. Pero hagas lo que hagas, siempre sigue hacia adelante".



Fiel a esta filosofía, conocedor de que correr era misión imposible, decidí caminar para seguir hacia adelante y por fin completar los primeros 24 kilómetros de febrero, tarea para la que tuve que emplear algo más de tres horas y media.
Frustra comprobar que se necesita invertir algo más del doble de tiempo habitual para completar la misma distancia. Hay que tener paciencia, pienso...
Paciencia que no tuve y -después de una semana de reposo y sentir como los dolores eran más leves- decidí volver a correr. El día 8 -tras 62 km de bicicleta- completaba diez kilómetros y el día 9 otros catorce... Equivocada decisión.
El día 10 me levanté muy fastidiado con una extraña sensación como si una puñalada me atravesara cada vez que me movía, respiraba, sonreía...
Quise echar a correr antes de tiempo pero la realidad me puso en su sitio.
Tocaba seguir avanzando a ritmos lentos a base de largas caminatas...


Como no hay mal que por bien no venga, la bici comenzó a formar parte de mi día a día el sábado pasado para intentar no perder la chispa, con el fin de mantener el motor a punto para cuando volvamos a correr.


Desde hace tiempo he comprendido que mi peor enemigo reside dentro de mí. Cuando "mi otro yo" me ataca me vuelvo pequeño y me cuesta avanzar. En cambio, cuando nos aliamos me convierto en una persona fuerte a la que no hay cuerpo en los antidisturbios capaz de reducir.
Ayer completaba mi tercer día consecutivo en el rodillo sumando entrenos de calidad y cantidad con la motivación por las nubes y disfrutando de cada gota de sudor derramada durante las cuatro horas pedaleadas.
Hoy intentaremos poder volver a correr para recuperar el tiempo perdido...


(...) Hoy, después de mil vueltas al final ya comprendí
que en realidad soy así
que no vale la pena luchar por cambiar ciertas cosas
no todas las orugas  se pueden hacer mariposas (...)

Melendi ("De Pequeño fue el Coco")

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