16 de septiembre de 2014

PALABRA DE MARIO

Hace un tiempo me hicieron llegar unas palabras que me calaron en lo más hondo del corazón. Y lo hicieron porque no vinieron de parte del típico amigo de la infancia que podría dedicártelas -porque te conoce desde siempre- casi sin esforzarse. Unas palabras que salen de una persona que la vida te da la ocasión de conocer y que, sin aspavientos, siempre en un segundo plano pero pendiente de todos los detalles, se deja notar y se siente.
Él es Mario Mayora Sánchez, hijo de Germán y Marian y hermano de Pablo.
Los cuatro forman una familia digna de conocer. Un cuarteto con muchas cualidades que algún día contaré... Aquí os dejo el texto que Mario me dedica:


Para los que lo conocen, nada descubrirán leyendo ésto. Para los que no, no se sorprendan de lo que digo porque, aunque parezca exagerado o fantasioso, nada lo es. No pretendo hacer un panegrínico ni santificar a nadie. Sólo deseo saldar una "deuda" con este hombre, más aún, con la obra que él encara y representa. Pues no he sido uno de los más esforzados partícipes (si bien mis inexistentes ingresos poco me lo permitirían) pero de alguna manera quisiera aportar un granito de arena a tan digna causa.

Es Héctor, lavianés, contando ahora con treinta y pocas primaveras. Ni alto ni corpulento, aunque bien formado; con unos rasgos que diríamos muy propios de los celtas. Su mirada es determinada pero no violenta, y su presencia no inspira sino la seguridad que se tiene al saber que estás al lado de una mano amiga, de un espíritu noble y leal. Padre de familia (me cuentan que excepcional) e indudablemente trabajador nato. Y cabezón, cabezón como él sólo, pero en el buen sentido, en el de no dar nunca un trabajo por acabado, una causa por perdida ni un semejante que merezca dejar de ser ayudado.
Podríamos decir más cosas acerca de sus gustos culinarios, deportivos -eso sí, sportinguista- y otros detalles; pero no es eso lo que más nos importa. Lo bueno es mucho, y cualquiera se cansaría de decirlo, pero ¿y los defectos?. Pues como humano los tiene, por supuesto... Pero hay uno que, si bien para sí mismo es un problema, realmente es una bendición para el resto de la humanidad: la extrema preocupación que tiene por el prójimo en todo momento. Trato de imaginarme su cabeza y tiene que ser un caos: el problema de fulanito, la idea de menganita, etc... Un auténtico microcosmos donde falta tiempo para pensar en los demás y por hacer de este mundo un lugar mejor.

Si por algo destaca nuestro Héctor es por ser un gran deportista, y por su proverbial resistencia merced a su espíritu luchador y ganador. Y eso es algo -sin duda- innato aunque reforzado años y años por el entrenamiento.

Y no cambió a pesar de los golpes que ha tenido que afrontar en su existencia.
El peor, en verano de 2012, cuando falleció su querido padre Manuel Moro. Pero ni éste fue capaz de tumbar el ánimo de Héctor. Al contrario: Le hizo más fuerte. Porque el hombre virtuoso se levanta de las desgracias, no permite que los infortunios sean más fuertes, se pone de frente al destino y le dice: "Puedes intentar mi infortunio, pero está en mi mano luchar contra él". Y así, con la ayuda de su familia, de sus vecinos y muchos anónimos empezó de verdad la gran actividad de su asociación ¡Si Quiés, Pués! en su infatigable labor para concienciar y sumar apoyos en su lucha contra la temible plaga del cáncer y otras enfermedades raras. Una labor que -sin duda- Manuel Moro estará viendo con buenos ojos allá donde Dios le haya destinado. Y así, sin otro combustible que el maravilloso ideal de la justicia universal, este motor se puso en marcha para no pararse jamás. Simplemente por llamar la atención de la gente, han habido retos que parecían imposibles, como correr dos maratones seguidos y sin parar sobre una cinta (para chiflar), 24 horas seguidas corriendo o el intento de la vuelta a Asturias que, con mucho pesar de su corazón, no pudo acabar en su momento por imperativos físicos. Pero este último reto volverá sin duda para quedarse, y nos dejará un estampa inmemorial: con la luz del sol de la más inesperada mañana, se anunciarán los destellos de un nuevo día y se escuchará el trote incesante de un jabato que recorre toda nuestra geografía.
Los paisanos de los cuatro rincones de nuestra Asturias observarán entonces extasiados el fenomenal esfuerzo de nuestro corredor y, aquellos con sangre en las venas no podrán menos de reconocer su profunda admiración.

Pero no importa Héctor, no importa ya lo que corras ni los retos que afrontes. Has hecho lo más difícil, que ha sido movilizar, concienciar y conmover a miles de asturianos sumados a esta causa tan justa. Pues el entusiasmo, como las olas del mar, no se observan en su verdadero tamaño hasta que se desbordan. Y cuando alcancen suficiente fuerza, no dudéis que arrastrará a aquellos que, aferrados a sus lujos y su mezquindad, desoyeron las necesidades de su prójimo. Pues el verdadero tesoro de nuestras vidas no se encuentra en un cofre, sino en el cielo, y no se hace a base de oro, sino con nuestras obras.

Y éste es nuestro hombre, ni más ni menos. Un hombre cuyo carisma ha puesto la cara a este gran movimiento, formado en realidad por el esfuerzo de miles de anónimos, pues es una suma de la fuerza colectiva la que puede cambiar las realidades. Como decía Quevedo: "Uno a uno todos somos inmortales, juntos, somos eternos".
La solidaridad necesita de gesto y las grandes causas, de grandes líderes, y no dudamos en que Héctor es uno de ellos.

Como a Filípides le daban aliento en su larguísima carrera la llamada de sus compatriotas atenienses en su lucha contra el invasor, pues igual a Héctor se lo dan aquellos particulares que, desinteresadamente, apoyan sus iniciativas solidarias. Y cada día son más.

Mario Mayora


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