8 de septiembre de 2014

CUESTIÓN DE CALIDAD Y NO DE CANTIDAD (1ª parte)

Hoy, aún con el cuerpo resentido por la paliza a la que le sometí el pasado sábado, me siento orgulloso de poder compartir estas líneas a través de este espacio que me sirve como una vía de escape cuando mi cabeza y mi corazón necesitan expulsar sentimientos.
Como ya sabéis los que me seguís por aquí, la última aventura a la que me enfrentaría hace unas horas era la de intentar completar corriendo la distancia que separa Pola de Laviana con el complejo hostelero del Mirador del Angliru.


Ya había confesado en la entrada anterior que era algo a lo que le tenía "miedo".
No voy a volver a repetir los motivos pero reconozco que me hice pequeño ante las circunstancias... Aún así, sabía que había que intentar completar la ruta por el fondo que tenían todos y cada uno de los pasos que daría...
La salida estaba fijada a las 10:00 horas. Lo hice desde la puerta de mi casa.
No quería expectación, ni la presencia de curiosos que únicamente se acercan -lupa en mano- para llenar su existencia a costa de la vida de los demás. Fue una salida calurosa, gracias al apoyo de los amig@s que, con sus mejores deseos, me despidieron con un buena suerte... Suficiente para mí.
Desde primera hora -y hasta el final de la ruta- Gaspar Carrio y Chus Herrero me acompañarían en bicicleta para que no me faltara de nada. Espero que un simple "gracias" sirva como reconocimiento a su altruísmo que tanto me ha aportado.


Raúl Fdez. Casco, otro de esos que nunca falla y siempre está ahí tendiendo esa mano amiga que tanto necesitamos, sería el encargado de -como en otras ocasiones- quemar la suela a mi lado durante los diez primeros km de la ruta.
El calor y la humedad pronto se empiezan a notar. Al paso por L,Entregu estoy empapado y el sudor arrolla por mis piernas como si me hubieran tirado un caldero de agua por encima. Por otra parte, las sensaciones son muy buenas y voy controlando el ritmo y las pulsaciones para no pasarme de revoluciones.
Samuel Fernández, otro compañero de fatigas que quiso aportar su granito de arena a una causa que le ha tocado muy de cerca en los últimos meses, le cogería el relevo al bueno de Raúl, haciendo que completar los primeros veinticinco kms sea una tarea mucho más cómoda y agradable de lo previsto.


El paso por el Alto de San Tirso vuelvo a comprobar que mi cuerpo parece un río de agua salada que, como una cascada que mana de mi cabeza, arrolla por mi cuerpo empapando de sudor mis pies. Sigo con buenas sensaciones.
Descenso rápido para coger la vieja carretera que une Mieres con Oviedo, siendo este un trayecto que se haría duro ya que, a eso de las 13:00 horas, Lorenzo -alíado con unas condiciones de humedad fuera de lo normal- apretaba con mucha fuerza y encontrar una sombra en el camino era como tropezar con un oasis en el desierto. Mis piernas -y mi cabeza- se mantienen fuertes... ¡Yo soy fuerte!
En medio de una larga recta siento un claxon que interrumpe mi concentración... ¡Era el autobús en el que viajaban mi familia y amigos que quisieron apoyarme!
Siempre hay un oasis en el desierto, pienso...



Un grupo de gente, capitaneados por mi madre y mi hija, me animaba a pie de carretera, inyectándome una dosis de moral extra. Un chute de energía.
El ritmo es fenomenal, siempre en torno a 4:30 min/km y las pulsaciones no pasan de 150 p.p.m. Voy cómodo pero la mojadura que llevo encima me sigue preocupando. Bebo y me alimento a base de geles. Estoy haciendo lo correcto.
¡El desvío hacia Riosa cada vez estaba más cerca!
Motivado, sigo avanzando en busca de la base del puerto. Paso a paso...
Numerosos amigos que quisieron ir a verme comienzan a sumarse a la ruta, circunstancia que me sigue sirviendo de oasis en ese desierto por el que transitaba.


Son las 14:00 horas cuando llego a la base del puerto. Una hora de adelanto sobre el horario previsto es el tiempo invertido en completar la distancia equivalente a un Maratón. A mi reloj aún le faltaban unos cuantos segundos para que marcara las 3 horas y 30 minutos desde que lo pusiera en marcha.
Otro buen amigo me espera en las primeras rampas del Angliru. Bautista Fernández sería el encargado de acompañarme y hacerme mucho más amenos los desniveles por los que discurría la ruta...

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