3 de mayo de 2014

DESCUBRIENDO NUEVOS SABORES

El pasado día 9 de abril publicaba una entrada cuyo título rezaba: "Sabor agridulce".
Esa fue la sensación con la que volví de Cantabria tras participar con éxito en la Media Maratón "Ruta del Sella" y tener que retirarme en el Trail Costa Quebrada por una gastroenteritis que afectó a Miguel Ángel Alonso, mi compañero de fatigas.
Con el fin de sacarnos la espina, ese mismo día marcamos con una "x" en el calendario el 27 de abril, fecha en la que se celebraría el Trail de Peña Cabarga...


Con esas, acompañado de Rocío -mi fiel y leal compañera en esta vida- que siempre está a las duras y a las maduras, viajo hasta Cantabria para pasar el fin de semana y disfrutar de la familia, siempre con el deporte como nexo de unión.
Una buena cena para despedir el viernes sirve de antesala a un sábado en el que, tras una buena parrillada regada con unos culinos de sidra para cargar los depósitos, asistiría al Regional de Duatlón que se celebraba en la localidad de Polanco, muy cerca Vega de Pas donde me encontraba hospedado.
Asisto en primera persona a la victoria de Manuel Pando, un buen compañero.


Cena a base de arroz a la cubana y camino de la cama ya que muy temprano sonaría el despertador y había que descansar lo posible para poder afrontar con garantías los más de 30 km (3.000 mts de desnivel) que nos esperaban.
Amanece el domingo y parece que la lluvia que nos había acompañado durante toda la jornada del sábado nos daría una tregua. La temperatura resulta idónea para afrontar una carrera de estas características... ¡La cosa pinta bien!
Nos reunimos con Fernando Vega, un buen amigo de Miguel, que también sería de la partida y nos dirigimos a Solares para recoger el dorsal e ir entrando en calor.


La hora de la salida se acerca y queremos dejar inmortalizados los momentos previos con imágenes que quedarán para siempre en el recuerdo. De eso se trata.



Falta un minuto para las 9:00 horas cuando nos dan la salida de una prueba en la que mi intención era intentar volver a ser válido para Miguel Ángel, que re-debutaba en el mundillo tras el gatillazo sufrido en Liencres días atrás.
Avanzamos sin cebarnos con el ritmo que te suele arrastrar en los primeros kilómetros de todas las carreras. Lo hacemos con paso firme y conscientes de que había que reservar para no encontrarse en el camino con el tío del mazo que -cruel y sin piedad- suele hacer de las suyas con demasiada regularidad.
Los kilómetros van pasando y, sin prisa pero sin pausa, vamos adelantando a gente continuamente que -probablemente- habían salido por encima de sus posibilidades. A tod@s les animo con un "¡vamos jabato!" y seguimos avanzando, descontando zancadas en busca de la meta. Lo hacemos disfrutando del camino y del entorno.


Al paso por el kilómetro 20, el trío se descompone ya que Fernando -que llevaba una larga temporada en el dique seco aquejado por una lesión- empieza a sufrir calambres y decide bajar una marcha para afrontar la última parte de la prueba. Miguel y yo avanzamos a buen ritmo e intento alentarle para que pensara en positivo y no se viniera abajo en el tramo que nos esperaba. Sé cómo podía sentirse...
"Vamos, vamos, vamos..." le digo. ¡Esto ya está hecho!, le repito cada poco.
Su rostro reflejaba ya el cansancio acumulado... Entiendo perfectamente lo que para él significaba poder cruzar su primera línea de meta en una prueba con dorsal.
A mí me hacía especial ilusión formar parte de su "desvirgue" como corredor.
Los últimos kilómetros se hacen un poco largos para Miguel, pero ya no había vuelta atrás. Un pasito más se convertía en un pasito menos para afrontar los últimos metros que nos separaban del arco de meta donde nos esperaban su hija y Rocío.


¡Último kilómetro! Le pongo la mano en el hombro y le digo ¡Muy bien oso!... ¡Muy bien!... ¡Esto ya está hecho!... Yo me siento fenomenal por haber sido válido.
¡Recta de meta abarrotada de público que aplaude sin cesar! Después de 3:45:15 cruzábamos la ansiada línea que tanto se nos había resistido días atrás en el Trail Costa Quebrada. Esta vez no hubo contratiempos que nos lo impidieran.


Esperamos a Fernando que, como buen deportista, había sufrido lo indecible, cañón de cerveza más que merecido y vuelta para Vega de Pas con una sonrisa que reflejaba la satisfacción de haber roto la barrera del puede ser al conseguido.
Para despedir un gran fin de semana, asistimos a la Milla de Castañeda.
Cierro esta entrada con una foto que resume todo para mí. Una imagen que me hace entender que los mejores momentos están antes y después de la propia prueba...


Por cierto, en menos de cinco horas me espera una nueva salida que tomar... Una nueva meta que cruzar. ¡La Media Maratón "Villa de Jovellanos" nos espera!


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