El pasado 27 de noviembre, ya hace más de una semana, se celebró la Carrera Internacional en Ruta "Desde Santurce a Bilbao".
De todos es sabido que la cultura deportiva que tienen en el País Vasco es algo fuera de lo común, algo a lo que aquí, de momento, no estamos acostumbrados.
Por ello, siempre motiva tomar la salida en una carrera que se celebre en esta tierra.
Junto a mis compañeros de equipo, viajamos en autobús el día antes para, tras dar una vuelta por Bilbao y meternos entre pecho y espalda una buena cena, alojarnos en la localidad de Arrigorriaga, lugar donde, el próximo mes de abril, se celebrará una nueva edición del Duatlón de Larga Distancia de Arrigorriaga (12 Km Run + 75 Km Bike + 12 Km Run) y en el que, si nada me lo impide, estaré en la línea de salida.
08:00 horas del domingo. Suena el despertador y, tras una ducha, me dirijo hacia la cafetería del hotel, donde me reuniría con el resto de la expedición para, tras el desayuno, desplazarnos hasta Santurce.
Nada más llegar, comprobamos que aquella no iba a ser una carrera más.
¡Ambientazo con el que nos encontramos!. Más de 3.000 atletas y todo un pueblo volcado con la prueba.
Tras alguna foto para el recuerdo, un poco de calentamiento y algún estiramiento, llegaba la hora de salida.
Me coloco delante, justo detrás de los keniatas. Tenía ganas de exprimirme.
Se da la salida y Santurce es una fiesta. La gente abarrotaba la larga recta por la que discurrían los primeros metros.
Así, eufórico por el ambientazo y arrastrado por la cantidad de "galgos" que se habían dado cita, hago el paso por el primer kilómetro a ritmos por debajo de 3'. "Levanta el pie artista que aún quedan quince kilómetros por delante...", pienso.
Lógicamente, la cabeza de carrera se me escapa y hasta el kilómetro cinco voy en tierra de nadie.
He de reconocer que me "desespero" un poco. Estaba corriendo más que nunca y, sin embargo, cada vez cedía más metros con los puestos delanteros.
Al paso por el kilómetro seis me alcanza un grupo en el cuál, cosas de la vida, marcaba el ritmo Joseba Beloki, aquel ciclista que logró poner contra las cuerdas al mismísimo Lance Armstrong y que, de no haber sido por aquella fatídica caída en un descenso del Tour de Francia, quizás hubiera cambiado la historia del ciclismo...
Me ubico en el grupo, compuesto por unas doce unidades aproximádamente, haciendo el paso por el "diezmil" en 34' 50''. Estaba claro que, al contrario de lo que pensaba por las sensaciones que había tenido en los primeros kilómetros de la prueba, estaba haciendo un carrerón.
Los kilómetros van pasando y en esos ritmos me desenvuelvo muy bien.
Como dice mi buen amigo Lodi, "si no fuera porque hay que parar a mear y a dormir, llegaría corriendo a Roma".
Casi sin darme cuenta, entramos en el último kilómetro, lugar donde Beloki, como si de una subida al Tourmalet se tratara, aprovecha un repecho para hacer un cambio de ritmo bestial. Le sigo (al menos lo intento) y me saca la poca carbonilla que me quedaba en el tubo de escape...
Encaramos la recta de meta, abarrotada de público que nos aplaudía.
Con la mirada busco a "mi gente" para saludarles.
Entre tanta gente, no veo a nadie... "¡Vamos Héctor!", escucho. "¡Ahí están los míos!", pienso...
Tras los saludos, aprieto un poco para entrar lo más cerca posible de Beloki, que me había descolgado un poco en el repecho. Me hacía ilusión codearme con uno de los grandes del deporte nacional.
Como prueba, Fernando Barroso me envía esta foto que aparece en el "Facebook Oficial de Saucony", marca que patrocina al ex-ciclista reconvertido a atleta.
Cruzo la meta, deteniendo el reloj en 56' 28'', corriendo en ritmos por debajo de 3'30 en una prueba que, teniendo en cuenta que Santurce está más bajo que Bilbao, pica para arriba contínuamente.
Ya de vuelta en el autobús, hago mi particular análisis de lo que había sido la experiencia en el País Vasco y me doy cuenta de que he conseguido mantener un nivel alto durante todo el año. En la Media Maratón de León, celebrada en marzo, ya corría en estos ritmos y, siendo regular en los entrenos, he terminado el año sin altibajos.
Para completar la jornada del domingo, parada en Santander a reponer fuerzas y sacar la típica foto de grupo para el recuerdo.
Como dice otro buen amigo... "¡Hay equipín chavales!".




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